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Votos individuales en la CIDH

Patricia Tarre Moser

7 abr 2026

En este episodio conversamos con Daniel Cerqueira, director del programa de Justicia, Cambio Climático y Derechos Humanos de DPLF, sobre la publicación de votos individuales en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el cambio introducido en 2022 y los riesgos que esto representa para la legitimidad y eficacia de la CIDH.



Para escuchar el episodio completo dale click aquí


Durante décadas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos funcionó bajo una práctica relativamente clara: los votos individuales, ya fueran razonados o disidentes, eran posibles en decisiones sobre casos concretos, como informes de admisibilidad o de fondo. Sin embargo, no se permitían en informes de país, informes temáticos u otros documentos vinculados con las facultades de monitoreo y promoción.


Esto cambió en agosto de 2022, cuando la CIDH adoptó una resolución que habilitó la publicación de votos individuales en decisiones que antes no los incluían. Desde entonces, los votos individuales pueden publicarse en informes de país e informes temáticos, algo que antes no ocurría. Desde entonces, comisionados y comisionadas pueden expresar públicamente desacuerdos respecto de informes temáticos, informes de país y otros documentos institucionales.


La medida buscaba, al menos en teoría, dar más espacio a la disidencia y canalizar institucionalmente opiniones que ya se estaban expresando por otros medios, como redes sociales. Sin embargo, para Daniel Cerqueira y DPLF, los efectos han sido negativos.



Una ruptura con una práctica de casi sesenta años


Antes de 2022, la práctica de la CIDH era similar a la de otros órganos internacionales de derechos humanos. Los votos individuales se permitían en casos contenciosos, porque ahí cumplen una función importante de rendición de cuentas y de deliberación jurídica. En muchos casos, las opiniones minoritarias terminan convirtiéndose después en estándares consolidados.


Por ejemplo, ideas como el control de convencionalidad, el derecho a la verdad o ciertos desarrollos sobre ius cogens aparecieron primero en votos individuales dentro de la Corte Interamericana antes de convertirse en criterios mayoritarios.


Sin embargo, Daniel Cerqueira explica que los informes de país y temáticos funcionan de manera distinta. No son únicamente decisiones jurídicas, sino herramientas de monitoreo, promoción y diálogo político con los Estados. No se trata únicamente de decisiones jurídicas, sino también de instrumentos de monitoreo, promoción y diálogo político con los Estados. Por eso, permitir votos disidentes en estos documentos puede debilitar la posición institucional de la Comisión.


Cuando un comisionado utiliza un voto individual para cuestionar la metodología de recabo de pruebas, la validez de la evidencia o incluso la legitimidad de la conclusión mayoritaria, no sólo está criticando una decisión concreta: también está debilitando la credibilidad del órgano colegiado.



El problema no es la disidencia, sino su publicidad


Uno de los puntos centrales de la conversación es que el problema no radica en la existencia de desacuerdos dentro de la CIDH. La deliberación y la disidencia son parte natural de cualquier órgano colegiado.


La discusión está en si esas diferencias deben hacerse públicas cuando se trata de informes de monitoreo y promoción. Para Cerqueira, el problema no es la disidencia, sino la publicidad de esa disidencia.


Daniel Cerqueira sostiene que la publicidad de esos votos da herramientas a los Estados para desacreditar los informes. Si un Estado encuentra dentro del propio documento una opinión disidente que cuestiona la metodología o las conclusiones, puede utilizarla para debilitar la autoridad de la CIDH. Si un gobierno encuentra dentro del propio documento una opinión de un comisionado que cuestiona la metodología, la evidencia o las conclusiones, puede utilizar esa disidencia para debilitar la autoridad de la CIDH.

Esto resulta particularmente delicado en contextos de alta tensión política, donde los Estados ya suelen cuestionar la legitimidad del sistema interamericano.


Además, el contenido de algunos votos ha ido más allá de simples diferencias jurídicas. En algunos casos, los votos disidentes cuestionan la forma en que la Comisión recabó información o sugieren que las conclusiones responden a sesgos ideológicos. Para Cerqueira, este tipo de posicionamientos afectan directamente la institucionalidad de la CIDH.




Una CIDH más fragmentada hacia afuera

Otro de los efectos de esta práctica es que hoy resulta mucho más visible la fragmentación interna dentro de la Comisión. Las tensiones que antes permanecían dentro del órgano ahora son visibles para Estados, organizaciones, víctimas y personas usuarias del sistema.


Antes, las tensiones existían, pero permanecían principalmente dentro de los espacios deliberativos del órgano. Ahora, esas diferencias se reflejan públicamente en informes, votos anexos y pronunciamientos que permiten ver con mayor claridad las divisiones entre comisionados y comisionadas.


Esto no sólo afecta la percepción de los Estados, sino también la de personas usuarias del sistema, organizaciones y víctimas, que pueden percibir una CIDH más dividida y menos sólida institucionalmente.

Daniel Cerqueira menciona incluso el riesgo de que algunos votos individuales puedan responder a intereses políticos, como buscar apoyo de determinados Estados para procesos de reelección o fortalecer ciertas alianzas diplomáticas.



¿Qué propone DPLF?


El documento elaborado por DPLF no propone eliminar la posibilidad de disentir, sino encontrar otras formas de canalizar esas diferencias.


Una de las alternativas es que los desacuerdos sobre metodologías, estándares o criterios de trabajo se discutan en espacios más abstractos, como el informe anual de la CIDH, y no dentro de informes concretos sobre países o temas específicos. La idea es evitar que las diferencias internas se conviertan en herramientas para cuestionar informes concretos.


Otra posibilidad es que, cuando exista una disidencia importante dentro de la deliberación, la mayoría incorpore una fundamentación más robusta y cuidadosa dentro del propio informe, sin necesidad de publicar votos individuales que cuestionen abiertamente la decisión.


También se plantea que ciertos debates jurídicos especialmente complejos puedan trasladarse a casos contenciosos, donde la CADH sí prevé expresamente la posibilidad de votos disidentes.


Más transparencia no siempre significa más legitimidad


La conversación deja una idea importante: no toda medida de transparencia fortalece automáticamente a las instituciones.


En el caso de la CIDH, la publicación de votos individuales en informes de monitoreo y promoción parece haber generado más fragmentación, más herramientas para que los Estados cuestionen al sistema y más dudas sobre la solidez de las decisiones.


La crítica no está dirigida contra la disidencia ni contra la libertad de expresión de los comisionados. El problema es cómo equilibrar esas libertades con la necesidad de proteger la legitimidad y eficacia de un órgano que depende, en gran medida, de su autoridad moral e institucional.




Episodio de Podcast


Invitado de hoy


Daniel Cerqueira, Director de programa de Justicia Climática y Derechos Humanos de DPLF.



Transcripción



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Sobre La Profe 

¡Hola! Mi nombres Patricia Tarre Moser. Soy abogada especialista en Derechos Humanos con más de trece años de experiencia.

 

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