Patricia Tarre Moser
28 ene 2026
En este episodio conversamos con Pau Aguilar, coordinador del área de seguridad digital de SocialTIC, sobre las principales amenazas digitales que enfrentan personas defensoras y periodistas en la región, así como prácticas básicas para proteger comunicaciones, información sensible y dispositivos en contextos de vigilancia y censura.
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Defender derechos humanos implica enfrentar riesgos que no siempre son evidentes. Junto a las amenazas físicas o institucionales, existe una dimensión cada vez más relevante: la seguridad digital. Teléfonos, correos electrónicos, archivos y conversaciones concentran información sensible que, si es accedida o utilizada de forma indebida, puede afectar no solo el trabajo de defensa, sino también la integridad personal y colectiva.
En contextos de alta conflictividad política y social, la tecnología se ha convertido en un espacio donde se reproducen dinámicas de vigilancia, censura y control. Por ello, la seguridad digital debe entenderse como una parte integral del ejercicio de los derechos humanos.
Un panorama de amenazas crecientes
Las amenazas digitales en la región son diversas y están profundamente condicionadas por el contexto. Pueden ir desde engaños relativamente simples, como mensajes falsos o páginas clonadas que buscan obtener contraseñas, hasta mecanismos altamente sofisticados de vigilancia y espionaje digital.
En el caso de personas defensoras y periodistas, estos ataques suelen dirigirse al acceso de información sensible relacionada con investigaciones, acompañamiento a víctimas o estrategias de incidencia. A ello se suman prácticas de censura digital, como el bloqueo de cuentas o ataques a sitios web, así como situaciones de riesgo físico que tienen consecuencias digitales, por ejemplo, la confiscación de dispositivos en retenes o durante allanamientos.
Estas prácticas no solo representan problemas técnicos. También implican afectaciones directas a derechos como la privacidad, la libertad de expresión y el derecho a defender derechos humanos.
Hábitos digitales que reducen la exposición al riesgo
Frente a este escenario, es importante subrayar que la seguridad digital no depende exclusivamente de conocimientos técnicos avanzados. Existen prácticas básicas que, incorporadas de forma cotidiana, pueden reducir significativamente los riesgos.
Una de ellas es el manejo adecuado de accesos. El uso de contraseñas largas y robustas, junto con la verificación en dos pasos, constituye una barrera fundamental frente a accesos no autorizados. Los gestores de contraseñas permiten además abandonar claves débiles o repetidas, facilitando una gestión más segura de la información.
Otra práctica esencial es mantener dispositivos y aplicaciones actualizados. Las actualizaciones corrigen vulnerabilidades de seguridad que, si no se atienden, pueden ser explotadas por malware o spyware. Un dispositivo desactualizado es, en términos prácticos, un dispositivo más expuesto.
El cifrado cumple un papel central como última línea de protección. Al cifrar archivos y comunicaciones, se dificulta que terceros puedan acceder al contenido incluso si logran interceptar un mensaje o acceder físicamente a un dispositivo. Esto resulta particularmente relevante en contextos donde existe el riesgo de pérdida, robo o confiscación de equipos.
Herramientas digitales y decisiones informadas
El uso cotidiano de herramientas digitales también exige decisiones conscientes. Algunas aplicaciones ampliamente utilizadas ofrecen niveles razonables de seguridad para comunicaciones ordinarias, pero no están diseñadas con la privacidad como principio central, ya que forman parte de ecosistemas comerciales que recopilan metadatos sobre el uso y las interacciones.
Existen, sin embargo, herramientas desarrolladas específicamente bajo principios de privacidad, que minimizan la recopilación de datos y protegen de forma más estricta la información de las personas usuarias. La elección entre unas u otras no es neutral y debe responder al nivel de sensibilidad de la información que se maneja.
Algo similar ocurre con el correo electrónico. Los servicios de uso general pueden ser suficientes para comunicaciones no sensibles, pero no ofrecen garantías robustas cuando se trata de información que requiere un mayor nivel de protección. En estos casos, optar por proveedores diseñados para cifrar el contenido puede marcar una diferencia significativa.
Vigilancia digital y spyware
Una de las amenazas más preocupantes en la actualidad es el uso de spyware altamente sofisticado. Estas tecnologías pueden operar incluso sin interacción directa de la persona usuaria y permiten el acceso remoto a cámaras, micrófonos, mensajes, contactos y ubicaciones.
El uso de estas herramientas se vuelve especialmente problemático cuando es dirigido contra periodistas y personas defensoras de derechos humanos. En estos escenarios, la vigilancia digital no solo vulnera la privacidad, sino que también se convierte en un mecanismo indirecto de intimidación, censura y debilitamiento del espacio cívico.
Prevención, límites y responsabilidad colectiva
No existe una protección absoluta frente a las amenazas digitales. Sin embargo, mantener los sistemas actualizados, activar los mecanismos avanzados de seguridad disponibles en los dispositivos y extremar precauciones frente a enlaces o archivos sospechosos son medidas básicas que reducen significativamente la exposición al riesgo.
La seguridad digital también implica reflexionar sobre cómo se comparte la información sensible. En algunos casos, se trata de mejorar el uso de herramientas ya conocidas; en otros, de optar por plataformas diseñadas específicamente para proteger la privacidad y el contenido de los documentos.
Seguridad digital como parte de la defensa de derechos
La seguridad digital no es un asunto accesorio ni una preocupación individual. Forma parte de las condiciones mínimas para ejercer la defensa de los derechos humanos en contextos atravesados por la vigilancia, la criminalización y la desigualdad de poder. Proteger la información sensible no responde únicamente a criterios de eficiencia o autocuidado, sino a la necesidad de resguardar a las personas, los procesos colectivos y las luchas que dependen de esa información.
Adoptar prácticas básicas de seguridad digital no elimina los riesgos estructurales ni sustituye las obligaciones estatales en materia de protección a personas defensoras y periodistas. Sin embargo, sí permite reducir vulnerabilidades, fortalecer la autonomía frente a entornos hostiles y tomar decisiones más informadas sobre el uso de la tecnología. En ese sentido, la seguridad digital debe entenderse como una dimensión más, necesaria, aunque insuficiente por sí sola, del ejercicio del derecho a defender derechos humanos.
Episodio de Podcast
Invitado de hoy
Paul Aguilar
Es coordinador del Área de Seguridad Digital de Socialtic. Él es ingeniero en computación, especialista en seguridad digital e informática, tecnologías libres y de código abierto.
Transcripción
Recursos Adicionales
Video en el canal Estudia DDHH sobre la "Seguridad digital para quienes defienden DDHH"
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