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Desarme, desmovilización y reintegración

Patricia Tarre Moser

23 feb 2026

En este episodio conversamos con Alejandra Coll, abogada colombiana y experta en procesos de reincorporación, sobre los desafíos jurídicos y políticos del desarme y la desmovilización, los estándares internacionales en construcción sobre DDR y las tensiones que enfrenta Colombia al intentar garantizar no repetición, seguridad y reintegración sostenible en un contexto de conflicto aún activo.



Para escuchar el episodio completo dale click aquí


Cuando hablamos de conflictos armados solemos enfocarnos en la guerra misma: las violaciones a derechos humanos, las víctimas, las responsabilidades estatales o de grupos armados. Pero hay una pregunta igual de crucial y menos discutida: ¿qué pasa cuando la guerra termina , o al menos cuando un grupo decide dejar las armas?


El desarme y la desmovilización no son simplemente actos simbólicos de entrega de armas. Son procesos complejos que determinan si una sociedad avanza hacia la no repetición o si queda atrapada en un ciclo interminable de violencia.


Desmovilizar no es desaparecer, es transformar

La desmovilización puede darse de manera individual o como parte de un acuerdo negociado con el Estado. En este último escenario, el más complejo, suele involucrar tres elementos interconectados: (i) la dejación formal de armas, (ii) un esquema de justicia transicional y (iii) un programa de reincorporación.


Aquí aparece el gran reto: garantizar la no repetición.


Si una persona deja las armas pero no logra integrarse a la vida civil, el conflicto no desaparece. Puede transformarse en criminalidad organizada, violencia urbana o nuevos grupos armados. El desarme sin reincorporación sostenible es una pausa, no una solución.


Por eso la ONU ha venido desarrollando lineamientos en materia de DDR (Desarme, Desmovilización y Reintegración). No existe aún un manual universal cerrado, pero sí se han consolidado estándares mínimos: entrega de armas a organismos neutrales, enfoque centrado en víctimas, mecanismos claros de no reincidencia, acompañamiento psicosocial y perspectiva de género, en línea con la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad.


Los estándares están en construcción. Y eso ya dice algo: el mundo sigue aprendiendo cómo cerrar guerras.


Colombia como laboratorio jurídico


Tras el Acuerdo de Paz de 2016, más de 11.000 excombatientes ingresaron a un proceso de reincorporación en Colombia. El modelo colombiano tiene características particularmente interesantes desde el punto de vista de derechos humanos.


Primero, existe un régimen de condicionalidad. Los beneficios que reciben, como apoyo económico temporal o proyectos productivos, no son automáticos. Están condicionados a comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), aportar verdad, participar en actos de reparación y no reincidir en delitos.


Esto conecta directamente con el derecho de las víctimas a la verdad, justicia y reparación. No se trata de impunidad, sino de un modelo de justicia restaurativa con obligaciones activas.


Segundo, cada persona construye su propio proyecto de vida dentro de un Programa de Reincorporación Integral. El Estado ofrece múltiples rutas , educación, empleo, emprendimiento, reunificación familiar, y realiza evaluaciones periódicas. Colombia incluso ha desarrollado un índice de reincorporación para determinar cuándo alguien puede considerarse plenamente integrado y dejar de recibir apoyo económico.


Este detalle es relevante porque uno de los problemas globales del DDR es que se sabe cuándo alguien entra al proceso, pero no cuándo termina.


Además, el Acuerdo colombiano fue depositado ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que implica monitoreo internacional periódico. Esa decisión somete el proceso a estándares externos y refuerza su legitimidad internacional.


El desafío menos jurídico y más humano: la estigmatización


Aquí aparece una dimensión que no suele enseñarse en los manuales: la estigmatización.

  • ¿Qué ocurre cuando una persona deja las armas pero nadie quiere emplearla?

  • ¿Qué ocurre cuando es asesinada por grupos armados activos?

  • ¿Qué ocurre cuando la sociedad considera injusto que reciba apoyo estatal?


En Colombia, cientos de firmantes de paz han sido asesinados desde 2016. La seguridad es un reto estructural. Pero también lo es la percepción social.


La reincorporación no depende únicamente de normas o programas. Depende de que la sociedad esté dispuesta a aceptar que la no repetición puede requerir incentivos, acompañamiento y medidas que resultan incómodas.


Desde el punto de vista del derecho internacional, esto se conecta con el principio de no repetición como componente del derecho a la reparación integral. Si la reintegración fracasa, el riesgo de nuevas violaciones aumenta. La estigmatización no es solo un problema cultural; puede convertirse en un factor estructural de violencia


El dilema de fondo: justicia punitiva o prevención futura


Muchos debates públicos se centran en una pregunta intuitiva: ¿por qué apoyar a alguien que cometió delitos?


Es una reacción comprensible. Pero el análisis jurídico debe ampliarse. La cuestión no es solo qué merece esa persona, sino qué necesita la sociedad para evitar nuevos ciclos de violencia.

  • ¿Dónde contribuye más esa persona a la garantía de no repetición?

  • ¿En prisión bajo un modelo exclusivamente punitivo?

  • ¿O en la vida civil, reparando, trabajando, aportando verdad y reconstruyendo tejido social?


El derecho internacional contemporáneo, especialmente en materia de justicia transicional, ha tendido a equilibrar responsabilidad y reintegración. No como un acto de indulgencia, sino como una estrategia de estabilización democrática.


El problema estructural: ¿qué pasa cuando no hay recursos?


La reincorporación es costosa. Implica apoyo económico temporal, seguridad, programas productivos, acompañamiento psicosocial y supervisión institucional.


En contextos como Etiopía, donde cientos de miles de combatientes han dejado las armas, el reto es monumental. Y en un escenario de reducción de cooperación internacional y crisis financiera global, la pregunta se vuelve urgente: ¿cómo garantizar una reincorporación digna sin recursos suficientes?


Si el financiamiento desaparece, el riesgo de reincidencia aumenta. Y el costo humano y político de un nuevo conflicto suele ser mucho mayor que el de una reincorporación bien diseñada.



Una discusión que el derecho internacional no puede esquivar


En un mundo donde continúan conflictos en distintas regiones, la pregunta sobre qué hacer después de la guerra no es académica. Es inmediata.


La desmovilización no es solo una etapa técnica de un acuerdo de paz. Es un examen práctico del compromiso con los derechos humanos. Exige equilibrar derechos de víctimas, garantías de no repetición, estabilidad institucional y sostenibilidad económica.


La guerra no termina cuando se firma un acuerdo. Termina cuando quienes participaron en ella pueden sostener una vida distinta en condiciones dignas y bajo supervisión jurídica adecuada.


Si el derecho internacional quiere ser algo más que una narrativa moral, tiene que responder a esa realidad compleja. Y ahí, precisamente, es donde empieza la conversación seria sobre desarme y reincorporación.





Episodio de Podcast


Invitada de hoy


Alejandra Coll es abogada, colombiana, magistra en derechos humanos y estudio de género. Su vida profesional ha transcurrido entre el sector público y privado. Ha trabajado en entidades como Womens Link, la defensoría del pueblo en Colombia, la Comisión de la verdad en Colombia y en Centro de Derechos Reproductivos donde trabajò para el programa de América Latina y el Caribe. Actualmente es la coordinadora del grupo de cooperación internacional de la ARN en Colombia.



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Sobre La Profe 

¡Hola! Mi nombres Patricia Tarre Moser. Soy abogada especialista en Derechos Humanos con más de trece años de experiencia.

 

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